Chupando Juventud
Hace algunos años yo hacia parte del gremio transportador de esta ciudad.
Ese gremio en realidad esta lleno de gente tan ordinaria y básica como cualquier otra, pero el transportador clásico se puede definir como un tipo que se pelea hasta por una moneda de $50, tiene barriga prominente y toma mucha cerveza… el hablado santandereano se aprende con el tiempo.
Pues resulta que había un señor llamado Libardo, un tipo que media metro y medio… a lo largo y a lo ancho, se vestía siempre con pantalones que parecían viejos (y probablemente lo eran), camisa abierta hasta el ombligo y su calvicie llena de pocos cabellos desordenados no ocultaba la expresión de su cara que delataba lo que era: Un burro con plata.
Y mucha plata.
Sus propiedades ascendían a unos 35 buses entre los de servicio urbano e intermunicipal. Andaba en una buena camioneta ultimo modelo, pero vivía en un barrio cercano a la terminal de transportes de Barranquilla, en una casa que resaltaba por lo exuberante para el promedio del sector.
Pero tal vez la propiedad que todos le envidiábamos a Don Libardo era su mujer.
No con la que había tenido los hijos, una pobre campesina casi tan gorda como el, pero un poco mas bajita, si no a la que había conseguido después… una niña de 19 años, con un cuerpo y una cara preciosos. Ella si vestía sus pantalones descaderados comprados en los mejores almacenes de la ciudad con orgullo, se le notaba una infancia de carencias, pero por esos fenómenos naturales de la vida, se le había dotado con una belleza sin igual y por supuesto, una ambición mucho mas grande.
Libardo a veces la sentaba en sus piernas mientras sudaba (porque siempre sudaba) y bebía cerveza, le daba una nalgada y le decía que trajera otra cerveza para el y sus amigos, mientras nosotros no podíamos dejar de mirar esos senos preciosos (operados en la mejor clinica estetica de la ciudad) y ese trasero perfecto (levantado en el mejor gimnasio de la ciudad). Libardo solo sonreía ante nuestras miradas y ella rara vez lo hacia, su mirada antipatica no alcanzaba a ocultar su belleza de todas maneras.
Un día de esos en los que por ventura del calendario era sábado nos sentamos a tomar muchas cervezas mientras alguien reparaba algún bus y a mi se me empezó a soltar la lengua, todos hablábamos a escondidas acerca de Libardo y su mujer, pero nadie lo decía delante el, pero ese día la imprudencia venia empacada en una Águila y no puede evitar decirle.
- Don Libardo, digame una cosa, ¿usted de verdad cree que su señora esta al lado suyo por lo bonito?
Un silencio expectante lleno el lugar mientras Libardo se empinaba una cerveza y después de un eructo no disimulado me miro
- Mijo, ¿usted cree que yo soy huevón?, claro que ella no esta conmigo porque sea bonito, esta conmigo por la plata
- Pero Don Libardo, ¿a usted no le molesta que esa niña le este chupando como cualquier vampiro el dinero que tanto trabaja? – le dije yo, que por efectos alcohólicos había abandonado la prudencia.
- Pero mijo, ¿porque me va a molestar?, si la plata se trabaja, se gana y se gasta, pero siempre se puede trabajar y ganar mas, pero yo por el contrario le estoy chupando a ella juventud y mijo, esa no se recupera.
Me quede callado, empine mi cerveza y caí en cuenta que entre Libardo y su mujer la que mas perdía era ella y descubrí luego al mirarla, mientras repartia la siguiente ronda de cervezas, que su mirada no estaba llena de antipatia, estaba llena de tristeza.
*Canción recomendada para hoy: Love Bites – Def Leppard



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