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Chupando Juventud

Hace algunos años yo hacia parte del gremio transportador de esta ciudad.

Ese gremio en realidad esta lleno de gente tan ordinaria y básica como cualquier otra, pero el transportador clásico se puede definir como un tipo que se pelea hasta por una moneda de $50, tiene barriga prominente y toma mucha cerveza… el hablado santandereano se aprende con el tiempo.

Pues resulta que había un señor llamado Libardo, un tipo que media metro y medio… a lo largo y a lo ancho, se vestía siempre con pantalones que parecían viejos (y probablemente lo eran), camisa abierta hasta el ombligo y su calvicie llena de pocos cabellos desordenados no ocultaba la expresión de su cara que delataba lo que era: Un burro con plata.

Y mucha plata.

Sus propiedades ascendían a unos 35 buses entre los de servicio urbano e intermunicipal. Andaba en una buena camioneta ultimo modelo, pero vivía en un barrio cercano a la terminal de transportes de Barranquilla, en una casa que resaltaba por lo exuberante para el promedio del sector.

Pero tal vez la propiedad que todos le envidiábamos a Don Libardo era su mujer.

No con la que había tenido los hijos, una pobre campesina casi tan gorda como el, pero un poco mas bajita, si no a la que había conseguido después… una niña de 19 años, con un cuerpo y una cara preciosos. Ella si vestía sus pantalones descaderados comprados en los mejores almacenes de la ciudad con orgullo, se le notaba una infancia de carencias, pero por esos fenómenos naturales de la vida, se le había dotado con una belleza sin igual y por supuesto, una ambición mucho mas grande.

Libardo a veces la sentaba en sus piernas mientras sudaba (porque siempre sudaba) y bebía cerveza, le daba una nalgada y le decía que trajera otra cerveza para el y sus amigos, mientras nosotros no podíamos dejar de mirar esos senos preciosos (operados en la mejor clinica estetica de la ciudad) y ese trasero perfecto (levantado en el mejor gimnasio de la ciudad). Libardo solo sonreía ante nuestras miradas y ella rara vez lo hacia, su mirada antipatica no alcanzaba a ocultar su belleza de todas maneras.

Un día de esos en los que por ventura del calendario era sábado nos sentamos a tomar muchas cervezas mientras alguien reparaba algún bus y a mi se me empezó a soltar la lengua, todos hablábamos a escondidas acerca de Libardo y su mujer, pero nadie lo decía delante el, pero ese día la imprudencia venia empacada en una Águila y no puede evitar decirle.

- Don Libardo, digame una cosa, ¿usted de verdad cree que su señora esta al lado suyo por lo bonito?

Un silencio expectante lleno el lugar mientras Libardo se empinaba una cerveza y después de un eructo no disimulado me miro

- Mijo, ¿usted cree que yo soy huevón?, claro que ella no esta conmigo porque sea bonito, esta conmigo por la plata

- Pero Don Libardo, ¿a usted no le molesta que esa niña le este chupando como cualquier vampiro el dinero que tanto trabaja? – le dije yo, que por efectos alcohólicos había abandonado la prudencia.

- Pero mijo, ¿porque me va a molestar?, si la plata se trabaja, se gana y se gasta, pero siempre se puede trabajar y ganar mas, pero yo por el contrario le estoy chupando a ella juventud y mijo, esa no se recupera.

Me quede callado, empine mi cerveza y caí en cuenta que entre Libardo y su mujer la que mas perdía era ella y descubrí luego al mirarla, mientras repartia la siguiente ronda de cervezas, que su mirada no estaba llena de antipatia, estaba llena de tristeza.

*Canción recomendada para hoy: Love Bites – Def Leppard

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No mas Hijueputas en Diciembre

Hay días en los que uno amanece bien, con el animo por el cielo y siempre aparece el hijueputa de siempre a dañarle el día.

Porque es que ser hijueputa no tiene nada que ver con la moral de la progenitora. Ser hijueputa es una condición que permite ser lo mas mierda del mundo y dañarle completamente el día y el genio a con quien interactúa.

Los hijueputas abundan y siempre se aparecen en el momento de mayor felicidad.

Hay hijueputas en cada esquina, en su casa, en el supermercado. Hay hijueputas 2.0 en messenger, en Facebook y especialmente en Twitter.

Hace poco asumía el papel de Niño Dios tan normal en estos días y me encontraba en el centro de Barranquilla, después de dos horas fui a pagar el servicio de parqueadero donde había dejado mi carro y descubrí que solo tenia billetes de $50.000, las dos horas costaban $3.000.

- ¿No tiene mas menudo? – me pregunto la señora.

- Que pena señora, no, solo tengo eso – le conteste, disculpandome por algo que no debía

- Señor, no tengo vueltos para ese billete – me dijo ella despectivamente

- ¿Pues entonces que hacemos? – le dije ya, empezando a sentirme algo molesto

- Pues deme y acá al lado me lo cambian… eso si, me cobran por el cambio – dijo ella

- ¿Y que tengo que ver yo con eso? – le dije ya molesto

- Pues que le toca pagarlo a usted! – me dijo ya con la sonrisa hijueputesca en su cara

- Que pena señora, pero yo le estoy pagando a usted, es obligación suya, por el solo hecho de tener un negocio estar preparada para estos eventos – le conteste

- No se que va a hacer entonces – me dijo

- ¿Pues que voy a hacer?, llevarme mi carro de este parqueadero, porque usted se esta negando a que le pague, ¿o es que no le estoy pagando? – le dije tratando de contener dos hijueputazos

Entonces ella cogió su billete, fue, lo cambio y me entrego $46.000.

- Señora, son $47.000 – le dije emputado

Me entrego los $1.000 faltantes.

Cuando mi acompañante que me esperaba en el carro me pregunto porque me había demorado no aguante y dije en voz alta para que se oyera bien: Es que la vieja hijueputa del parqueadero me quería robar mis vueltos.

No es cuestión de morir por $1.000, es cuestión de que las cosas son como son, si fuera a mi quien me faltaran $1.000 seguramente hasta a la policía me habrían llamado, es cuestión de la actitud hijueputezca de la señora del parqueadero, que creyéndose dueña de la verdad y de su pequeño imperio laboral, actúa y en su prepotencia cree que puede abusar verbalmente incluso de sus clientes.

Ella creia que hacia su gran negocio imponiendome sus condiciones y que en la bacaneria que a veces mata esta ciudad yo me iba a ir de “aguante”.

El empute me demoro un par de horas, ese es el efecto de la hijueputez.

Deberíamos hacer una campaña: No mas hijueputas en diciembre.

*Canción recomendada para hoy: Don’t bite the hand that feeds you – Ratt

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Las chicas malas van a Monaco

Alguna vez escuché que las chicas buenas iban al cielo, pero que las malas iban a donde les daba la gana.

Y si, las chicas buenas generalmente terminan su carrera juiciosas, se hacen profesionales bien pagas, cumplen sus sueños laborales, pagan sus cosas y se hacen independientes, eventualmente conseguirán un buen hombre (a veces con mucho trabajo y tarde), de esos buenos profesionales, que llegan temprano a su casa y cuyo mejor plan es ver comedias románticas y las repeticiones de Friends arrunchado con su novia en la cama.

Al final ellos llevaran una vida plena, con hipoteca del apartamento, préstamo del carro, tendrán unos dos hijos y les darán la mejor educación que sus sueldos puedan pagar.

Hasta que alguno de los dos se de cuenta que malgastó su vida en todo eso, pero eso es otra historia.

Lo cierto es que en cambio las chicas malas van donde les da la gana… incluso a Monaco.

Sheyla era una chica mala.

La conocí en algún bar de esos donde uno iba a ligar lo que se apareciera en Barranquilla, de los que quedaban en la 79 y que lastimosamente cerraron, dejandonos sin sitio de pecado y perdición los fines de semana.

Delgada, rubia teñida, con un culo precioso y con unas tetas que soñaban con crecer a punta de silicona. Le faltaba clase, pero le sobraba ambición y ganas de tirar.

En seguida me di cuenta de era de las que corría riesgos, disfrutaba el sexo pero en el proceso le gustaban los beneficios económicos que el traía, era una perra vendiendo su culo, pero era conciente de ello y aun sin ser descarada, tampoco lo ocultaba.

Lógico que hubo mucho sexo con Sheyla, del bueno, del cochino, y era buena en ello. También pague por el, definitivamente no me cobraba al terminar como cualquier puta callejera, pero tenia que pagar sus rumbas ocasionalmente y sacarla de uno que otro apuro con un “préstamo” que me iba a pagar apenas le cayera una platica.

Sin embargo Sheyla sabia que yo no era millonario y con el tiempo se fue asincerando y me contó que ella no le importaba no haber estudiado un carajo, tenia un señor casado que le pagaba su apartamento y ciertos lujos que se daba, que el tipo no era desagradable y le dejaba hacer lo que ella quisiera. Con el tiempo, con mas sinceridad, me contó que su numero de amantes no eramos solo dos, esta mujer era promiscua de verdad y obtenía placer y dinero a través de todos nosotros, soñaba con tener sexo grupal y le aterrorizaba envejecer.

Sheyla y yo fuimos amantes durante un año o mas, pero llegamos también a ser amigos, luego se fue a Panamá y perdí su rastro.

Ayer me tomaba unas cervezas en un sitio en la San Martín de Cartagena y de repente se me acercó una mujer embarazada. Era Sheyla.

Me contó que regresó de Panamá y se instaló en Cartagena hace cosa de un año, aquí siguió en las mismas hasta que conoció un Europeo que administraba un Casino en el Principado de Montecarlo.

Hasta un chica libertina, una perra consumada, una zorra en su mas amplia palabra, sabría que ya se acercan los 30 y que no hay que dejar pasar una mina de oro. En Octubre del año pasado, la niña que vivía en el barrio Simón Bolívar de Barranquilla se casaba mejor que muchas del norte de la ciudad. Ceremonia en la Santo Toribio, fiesta en el Santa Clara… en fin, con todos los juguetes que los euros de su feliz y orgulloso esposo podían comprar.

Me dijo que hoy viajaba a Montecarlo, allá, donde solo viven los millonarios de verdad a verdad, a tener a su hijo para que fuera Monegazco y entonces le pregunte abiertamente si la maternidad y haberse casado le habían cambiado su manera de vivir.

Y vi esa sonrisa nuevamente, estuvo a punto de mentir, se lo pensó y me dijo: Perro viejo no aprende maña nueva.

Solo se le olvido cambiar el genero, no es perro, es perra.

(Me encantan estas historias, con principe azul y finales felices, pero especialmente si incluyen princesas peliteñidas perversas y ninguna moraleja)

*Canción recomendada para hoy: Bitch – Meredith Brooks

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El Loco

Hernández era un niño normal, lo recuerdo en primaria, con su cabello indio alborotado y su tez morena corriendo en un recreo entre los jardines de arena seca y arboles que daban una sombra que refrescaba el alma, en los que jugábamos bolita uñita en aquel bello colegio que hoy en día me parece mas un sueño que una realidad.

Allí donde la felicidad recorría pasillos de infantes que se les escapo el elixir de la eterna sonrisa seguramente Hernández empezó a enloquecer o quien sabe, tal vez fue en su casa, tal vez fue todo junto, tal vez si eran ciertas esas historias, elevadas al nivel de mitos urbanos en los que se contaba que el pobre muchacho había visto a su padre ser asesinado cuando era muy niño y que a pesar de que era un bebe en ese tiempo, el daño le había quedado guardado en su cabeza.

La verdad nadie nunca le pregunto a Hernández porque se había enloquecido, pero si sabemos cuando fue, porque recuerdo ese primer día de clases en Decimo grado que el tipo llego con un sombrero de copa y unas cartas.

Había aprendido unos trucos en las vacaciones y en recreo nos divertimos viendo como a veces acertaba y a veces fallaba, ya no jugábamos bolita uñita tanto, ya nos preocupábamos de las amiguitas y nos masturbábamos a escondidas, ya algunos exhibían orgullosos el hecho de no ser vírgenes y nos emborrachábamos con 4 cervezas… ya nos enamorábamos sin saber que las desgracias del amor y la madurez nos empezaban a alcanzar.

El problema de Hernández no es que hiciera trucos con las cartas, si no que empezó a creerse el cuento de que en realidad hacia magia, que era un tipo importante al que todo el mundo admiraba, un conquistador imaginario que no solo creía que todas nuestras compañeras de colegio estaban enamoradas de el, si no que en realidad el si estaba seguro de eso.

Al principio pensamos que era una simple broma, pero no, Hernández empezó a desarrollar toda una vida imaginaria en la que el creía y cada vez se complicaba mas, pronto ya nadie le decía por su apellido, pronto paso a ser simplemente El Loco.

El Loco durante todo el año desarrollo mejor sus teorías, ya no solo era mago, si no hijo de Pablo Escobar y que había sido mandado a Barranquilla de incognito para ser protegido, sin embargo aun hacia negocios con Gacha (alias el Mexicano) y nos contaba convencido de cómo era perseguido por organismos del estado, pero que el siempre se les escapaba.

Su mirada se volvió ausente, viviendo en un mundo inventado, un mundo dentro de su cabeza y quien podía adivinar sus sueños… o tal vez si, se imaginaba novio de Diana, la pelada mas bonita del colegio y a pesar de que ella en su bella adolescencia ni lo determinaba, el aseguraba que ella moría por el, inventaba encuentros furtivos detrás del coliseo a las 4:30 PM donde realizaba cosas impensables para todos nosotros, pelados normales que veíamos a Dianita preciosa, inalcanzable, pues ella salía con hombres de universidad.

Inventaba rivalidades caballerescas con otro amigo, al que le decía que un día iba a retarlo a duelo por Diana, que escogiera el arma, Felipe se reía del asunto y le mamaba gallo al mismo estilo, en realidad todos vivíamos algo de su extraña realidad y seguíamos el juego en su presencia, tal vez porque era divertido, tal vez porque su realidad era tan fascinante y extraña que hubiéramos querido que fuera cierta, que hubiéramos deseado parte de esa locura.

Llegaron las vacaciones de mitad de año y Hernández no volvió en Julio.

Historias al respecto hubo, esquizofrenia fue una palabra nueva para mi, locura nos costaba menos pronunciar, pero con las hormonas a mil y un mundo que nos parecía abierto de piernas seguimos nuestra vida, del Loco no supimos mas, porque el mundo nos arrastro en su vuelta, nos llevo fuera de aquel paraíso en el que estudie, me quito muchos amigos a los que conocí, se llevo toda inocencia, se llevo los sueños y los remplazo por una realidad en la que quisiera algo de locura.

Una noche llegó, 18 años después, en la que yo miraba por mi ventana una estrella, me quejaba de mi trabajo y la rutina, me quejaba de mi sueldo y mi suerte, quise pensar que era lo que quería ser allá en 1990, cuando la vida era una risa y los sueños los agarrabas al estirar la mano… y me di cuenta que no me acordaba, me di cuenta que tantas cosas han pasado, tantas lagrimas y desencantos, tantos ausencias y despedidas, tantos gritos silenciosos desesperados en la oscuridad sin nadie para abrazar, tantos deseos de escapar de una realidad que no solo me consume, si no que se apropio de mi… me di cuenta que hasta mi memoria, la puta realidad ha querido borrar, pero definitivamente no quería ser el tipo que maldice su trabajo y su soledad desde una ventana mientras miraba una estrella.

Entonces descubrí que hubiera querido ser: Hubiera querido ser Hernández, el esquizofrénico, el loco, aquel que supo escapar de lo mas cruel que tiene la vida… la realidad.

*Canción recomendada para hoy: Loco – Andres Calamaro







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Sexo, Drogas y Rock and Roll.

Una llamada de un par de minutos y siempre el mismo rito.

La paso a buscar y siempre esta la espera, en el carro o en la sala, mejor en el primero, algo de Duran Duran o Depeche Mode para pasarlo mejor, una llamada mas y algo de desespero, se hace esperar, siempre se hace esperar.

Un beso en la mejilla y ella oliendo a perfume caro, una blusita nueva y escote profundo, jean ajustado y zapatos altos, seguro lleva la mejor ropa interior, lo que no sabe es que mas allá del perfume, mas allá de la ropa interior yo la puedo oler… y me huele a bien, pero me huele a que me va a costar.

Un restaurante caro y una cuenta que solo se paga a crédito, conversación intrascendental y se llega el postre, coquetería pura, coquetería venenosa, siempre me gusta la coquetería y el no que me suena a si, disfruto esta parte mas que cualquiera, disfruto su descaro, disfruto su sonrisa aunque sea fingida, disfruto que ella piense que conmigo puede cumplir medio sueño, así sea el de rumbear esta noche, así sea el de encontrar su tal para cual.

Y de repente una Discoteca me retumba en los oídos, yo pido Tequila, ella un Cocktail, yo prefiero a Calamaro, ella el reguetón, a ella le gusta bailar, a mi emborracharme, así que baila sola y yo la veo, la veo y me da lo mismo, compra una botella de agua y cuando ponen electrónica la veo de pupilas dilatadas, la veo en otro lado, alguien pasa y le agarra el culo, me da lo mismo, ella esta pasada, me da lo mismo.

De repente el carro, manoseada y en el camino una mamada, un motel y te llamo mañana… como se llama, no importa, me da lo mismo, llego a mi casa y allí en la mesita de noche, a las 4:36 AM aparece un misil arrugado, un cigarrillo de sueños, un pasaporte a la felicidad, lo enciendo y salgo al balcón, cielo de muchas estrellas y sin luna, le pongo play al stereo y esta Calamaro… Sexo, Drogas y Rock and Roll, con eso me hubiera bastado esta noche.

El amor puede esperar.

*Canción recomendada para hoy: Veneno en la piel – Andres Calamaro.




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El Hijueputa soy yo.

Corrían aquellos años en los que uno no se preocupaba tanto del futuro, si no de salir y tirar con cuantas uno pudiera… uno las anotaba en una libretica negra y se las mostraba a los amigos con orgullo, con tono burlón, como aquel que se siente mas hombre que el otro.

Además existía un buen balneario, un barrio a las afueras de Santa Marta, se llamaba El Rodadero y creo que todavía existe, pero a pesar de que nunca he dejado de ir, incluso estando allí, para mi nunca volvió a existir un Rodadero como el de aquellos tiempos irresponsables y felices.

Estando yo por allá, con una mujer de la que me gustaría decir que no me acuerdo su nombre, pero en realidad lo recuerdo muy bien, en realidad como olvidarla, me fui de farra una noche, en una discoteca de moda, en una discoteca que todavía sigue allí, pero sin mi, porque yo ya pase de ella, porque allí se seguirán escribiendo historias, algunas que yo viví y tal vez escriba, algunas que nunca escribiré, algunas que alguien mas lo hará, algunas que nunca se conocerán.

Decir que la pase muy bien esta de mas, aquella flaca hermosa y su cabello negro me enamoraban y yo me rendía a ella y a alguna botella de ron.

Ya en la madrugada decidimos que era hora de irnos, con efectos del alcohol y con ganas de cama pero no de dormir salí caminando al apartamento donde me estaba quedando, era a escasas tres cuadras y nos fuimos caminando.

Caminabamos por las calles vacías, bajo un cielo lleno de estrellas, desde un balcón bajaba un vallenato de Diomedes y se oían las voces fuertes de una fiesta casera, iba agarrado de la mano con mi flaca, de repente un patinón de un carro a toda velocidad nos saco de aquel sueño, voltee y vi desde el fondo de la calle un Mercedes que se nos venia encima a alta velocidad, yo reaccione rápidamente, a pesar de las ganas, a pesar del alcohol, a pesar del amor y jale a mi flaca hacia la acera.

Si no lo hubiera hecho jamas hubiera podido contar esta historia.

Pero entonces el genio se me subió y soltando la mano de la flaca manotee y grite a todo pulmón: Hijueputa!

De repente el Mercedes se detuvo.

Entonces el Mercedes echo reversa y se detuvo nuevamente casi encima de nosotros, de el se bajó un personaje que para la época era habitual, un tipo de pantalón blanco y camisas de flores, zapatos sin media y una cadena inmensa colgando de su cuello.

Pero en realidad lo que recuerdo mejor era la nueve milímetros con la que me apuntaba.

Bajo ese cielo estrellado y con luna llena, esa pistola parecía brillar como un sol, un sol que se tambaleaba al ritmo de un tipo de acento paisa y con todo el alcohol del mundo encima.

Me miro y con mucho esfuerzo me dijo: ¿Quien es el Hijueputa?

Y yo, aun con mi genio por las nubes, quise responder muchas cosas, quise decirle que era un grandisimo triple Hijo de Puta, que su madre era la mas grande de las putas del universo, que las putas de Babilonia eran unos angelitos delante de la puta madre que lo había parido… pero es que hay una cosa que tenemos muy dentro nuestro, una cosa que me hizo estar acá, contando este cuento.

Es el instinto de conservación.

Así que me trague mis palabras, me trague mi orgullo, me trague toda la rabia contenida, mire a la nueve milímetros, mire al tipo a los ojos y simplemente dije: Yo, el Hijueputa soy yo.

Tal vez el tipo esperaba otra cosa, porque se me quedo mirando extrañado, tal vez algo en su cabeza asesina, en su cabeza de aquel hombre que siente que teniendo una pistola en su mano es mucho mas hombre que el otro, en la cabeza típica del colombiano fracasado, en la cabeza de lo que en realidad nos tiene jodidos como sociedad, no cuadraba y tuvo que pensar… se demoro y se dio cuenta que no podía matar a quien no se le enfrentaba, guardo su pistola, se subió al Mercedes, patinó y se alejó como llego.

Yo me quede en silencio, mi flaca decía muchas cosas, pero yo no escuchaba, yo solo pensaba que estaba bien, que mejor no podía estar… que estaba vivo.

Esa noche me demore en reponerme, me tome un trago de Whiskey al llegar a mi casa, mi flaca estaba molesta, sin embargo mas tarde me reía de esa historia y antes que amaneciera nuevamente, yo me veía nuevamente entre esas piernas.

Si, el Hijueputa soy yo.

*Canción recomendada para hoy: Alive and Kicking – Simple Mind




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Historias de planta.

Después de uno estar tanto tiempo metido en el trabajo (y mas yo que practicamente trabajo de domingo a domingo, con un celular pagado por la empresa con disponibilidad de 24 horas, es decir, si lo apago me echan, si no lo contesto me echan, si no soluciono telefónica o presencialmente el problema que se presente… me echan) empiezan a suceder cosas graciosas… bueno, no se… juzguen ustedes:

Un día de semana cualquiera a eso de las 5:00 PM, cuando termina el horario laboral normal de la planta, entro mi supervisor de planta, un tipo de 45 años, delgado, nervioso y gritó, la puerta golpeo contra un escritorio y me dijo:

- Ingeniero… pasó algo.

Me imagine lo peor, alguna maquina se daño, alguien sufrió un accidente, me rayaron el carro en el parqueadero, se nos daño el Internet.

- Calmese Velasquez (los supervisores son como los Sargentos, hay que saberlos llevar y son tu mano derecha en planta, sin ellos estas muerto, por alguna razón toca llamarlos por el apellido, al final de cuentas ellos conocen mas la planta que tu, saben donde esconden la basura, conocen los chismes de las viejas que empacan y conocen mejor que nadie las mañas del personal), ¿que pasó?

- Ingeniero, es que un hijueputa (en producción, los madrazos son corrientes)… Ingeniero, acompañeme…

Lo acompañe preocupado y con extrañeza vi que se dirigió al baño de hombres, al entrar sentí el olor característico de la mierda, abrió la puerta de uno de los inodoros y me dijo:

- Ingeniero, mire.

Debo decir que es imposible describir lo que vi, todavía estoy pensando que no fue real, que el olor de los químicos hizo que yo alucinara o talvez hicieron que la deposición normal de un ser humano evolucionara al ser que me miraba desde allá adentro… digamoslo sin miedo, el mojón mas grande que he visto en mi vida se encontraba retorcido en el inodoro, sinceramente aun hoy, cuando recuerdo aquella proeza natural, pienso que talvez un animal aun no descubierto por el hombre, de 3 metros de altura y alimentación carnívora había entrado a nuestro baño y en un acto de evolución había decidido no hacer en el piso, sino allí adentro.

- ¿Velasquez, quien culo hizo eso??? – dije asombrado, quería quitar mi vista de semejante pedazo de mierda, pero algo me lo impedia, era como ver El Exorcista cuando niño, me asustaba pero no podía dejar de mirar.

- Que culo querrá decir, ingeniero, que culo, pero mire… – dijo Velasquez e intento bajar el inodoro.

La inmensidad del mojón era tal que a pesar que el agua bajaba no lograba este irse por el hueco.

- Ingeniero, la señora de la limpieza ya vio esto y dice que ella no limpia eso

- ¿Y entonces?

- Ingeniero, hay que buscar al cagón.

- ¿Velasquez, usted cree que alguien va admitir semejante adefesio salido de la logica humana?

- No señor, encueremos a todos esos hijueputas y miremosle el culo, el que este lleno de sangre es el que lo cago, es imposible que alguien cague eso sin desgarrarse el culo.

Velasquez hablaba en serio… Yo, en el baño de hombres, con olor a mierda en el ambiente y con un mojón mutante nadando en el inodoro, me cague… de la risa.

Lastima no haber tenido una camara para publicar una foto.

*Canción recomendada para hoy: Smoking in the boys room – Motley Crue







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Hubo

Hubo un tiempo donde el Internet era sueño de locos y los celulares cuestión de fantasía, cuando mi generación caminaba libre por unas calles sin muerte, carros y hambre, pintamos alguna vez una inmensa paloma en el piso y creíamos que el mundo iba ser nuestro algún día.

Hubo un tiempo en el que pensábamos que en Rusia vivían los malos y temíamos a una Guerra Mundial que oscurecería el cielo con inmensos misiles nucleares, creíamos que los terroristas vivían en el interior y que en esta ciudad podíamos dormir con las puertas abiertas.

Hubo un tiempo en el que cuando se iba la luz era señal de regocijo en las noches, salíamos a jugar y veíamos las luciérnagas volar bajo un cielo con una luna blanca e inmaculada como nuestros espíritus, la gente construía grandes tanques para cuando se iba el agua y manadas de periquitos junto con las cometas poblaban los cielos azules de una Barranquilla hermosa.

Hubo un tiempo en el que el recuerdo de Junior Campeón no me llenaba tanto como el simple hecho de ir a un estadio pequeño pero de inmenso corazón, que no importando el resultado siempre se llenaba de ilusiones, de alegrías, de vendedores de butifarra, de gente alegre y despreocupada, que nos condeno a lo que somos ahora, a la alegría perdida y a la despreocupación máxima.

Hubo un tiempo de Carnavales de la gente, en los que Doña Maria nos disfrazaba y nos íbamos temprano a la 43 para “coger puesto” y ver desfiles libres de mercantilismo y famosos de segunda, tirábamos maizena y disfrutábamos sentados en un bordillo por el que no nos cobraban.

Hubo un tiempo en el que las calles estaban llenas de los niños de mi generación, aquella que vio a Maradona, aquella que salía a bañarse en los aguaceros y disputaba inmensos clásicos de bola e’ trapo mientras truenos sonaban y nuestras madres preocupadas hacían el almuerzo, tardes enteras después de hacer las tareas se contagiaban de alegría hasta las 7:00 PM cuando doña Maria llamaba a sus hijos para que fueran a comer, sin niñeras, sin nadie mas que nosotros mismos, sábados por la mañana en las que nos bañábamos con la manguera en el jardín de unas casas sin rejas, mostrando que éramos felices con solo dos canales, sin consolas y mucho menos con un computador, eso eran cosas de la ciencia ficción.

Hubo una mañana de mariposas amarillas que no se si soñé, una mañana en la que me desperté temprano con mi hermano y otro amigo, estábamos jugando cuando el cielo se lleno de esos animales, amarillos y brillantes, como en una novela de Gabo, yo estiraba la mano y no podía evitar agarrar varias, volaban de norte a sur y corrimos con ellas, al rato desaparecieron y nos quedamos ahí, sin zapatos, con nuestros pies sucios y nuestras ilusiones intactas, con la certeza de que nuestra Barranquilla nunca cambiaria, que un día yo seria como el Didi Valderrama, que nuestros sueños se cumplirían… pero no fue así, ese día de mariposas amarillas era la despedida de una ciudad a la que ni sueños le quedan, una ciudad que teniéndolo todo aun no logra su destino, en la que nos mata la bacaneria que nos define, en la que no supimos cuando nos la robaron, cuando nos quitaron esas mariposas amarillas y nos convertimos en la ciudad de “marica el ultimo”.

Talvez yo sea quien apague la luz al final o talvez la deje prendida o talvez deje a otro marica de ultimo… aunque talvez se roben el bombillo antes.

Mientras tanto:

Los vientos de fraude sobre los comicios en el Atlántico se sintieron ayer en el teatro Amira de la Rosa durante la firma del Pacto por la Transparencia, suscrito por 11 de los 12 candidatos a la Gobernación y Alcaldía de Barranquilla. Solo faltó el aspirante José Name Terán.

(Blanco es, gallina lo pone y frito se come… mas claro no puede estar.)

EL HERALDO intentó comunicarse vía celular con el aspirante, pero no fue posible contactarlo. Tampoco se pudo localizar a algún miembro de su campaña.

(Es que el que la debe, la teme)

Durante el lanzamiento de la Misión de Observación Electoral para el Atlántico, quedó la sensación entre los asistentes de que la alteración de la voluntad de los electores para el 28 de octubre es inminente.

(¿Quedo la sensación no mas?, Name acaba de decirnos en la cara que no es transparente, que si se tiene que robar las elecciones se las roba, que le tiene sin cuidado lo que pensemos los demás)

Así que ustedes verán si le dan su voto a JoseJabba the HuttName Teran

Pueden ver la noticia completa acá.

Ahhh, por cierto, los dejo con el ultimo afiche que esta usando Name en su campaña:

*Canción recomendada para hoy: Time after time – Cindy Lauper










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Cronicas de mis primeras veces: Viagra y Cialis

Hay que admitir que el terror de todo hombre es el día en el que le falla su órgano mas preciado, el pene.

Si, porque mientras se siga parando seguimos siendo hombres, cuando no, dejamos de ser las bestias salvajes, los machos alfa, esos que por el peso que tenemos entre nuestras piernas sentimos que podemos y debemos mandar.

Aunque no sea cierto, solo dije que sentimos, no que lo hagamos.

De cualquier manera, el día mas critico para un hombre es ese en el que teniendo a la mujer que uno desea aquello no responde, es un golpe mortal a nuestro ego y no es tan fácil recuperarse.

A muchos hombres nos ha pasado, solo que es difícil admitirlo, cuando a mi me sucedió pensé que estaba necesitando ayuda… tenia mas de 30 y talvez la vida de trago, sexo y libertinaje me estaba pasando cuenta de cobro, pero para mi sorpresa con el tiempo me di cuenta que simplemente fue un mal momento, mucho alcohol y… mala suerte, malisima, porque nunca mas tuve la oportunidad de estar con esa bella mujer a la que defraude y siempre me quedo ese animo de revancha.

Talvez algún día llegara, paciencia pequeño saltamontes.

Pues bien, gracias a que tengo amigos médicos un día me regalaron una pastilla de Viagra y dos de Cialis, dos conocidos medicamentos contra la impotencia, yo ya había superado mi trauma, pero me decían que las famosas pastillitas mejoraban aun mas el desempeño sexual y las probé.

Debo decir que el Viagra no me manifestó otro efecto diferente al que ya había tenido en mi desempeño sexual, las cosas fueron normales, no note ninguna diferencia significativa entre ese momento que va entre una relación (popularmente conocida como polvo) y la otra… bueno, si, me causo una especie de calor en mi cara que no se si los demás usuarios han tenido.

En cambio con el Cialis el cuento fue otro, debo admitir que descubrí que mi desempeño sexual aumentaba, tuve erecciones mas duraderas y sentí mucho mas poder, no se si sea algo psicológico, porque al final de cuentas nunca he sido impotente… aparte de aquella fatídica noche, claro… pero debo admitir, el efecto fue muy bueno y duradero.

Después alguien me dijo que si usaba mucho esas pastillas podía quedar dependiente de ellas y no volver a tener relaciones sin ayuda, pero no, mira que no, las cosas han seguido siendo normales y hace ya rato que no las uso… pero man, ¿si una mujer se puede poner tetas para complacernos porque nosotros no podemos tomarnos una pastillita para lo mismo?.

El Cialis debería estar en nuestra canasta familiar, se los juro.

*Canción recomendada para hoy: I Want a new drug – Huey Lewis and The News






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Cometa

It‘s summer, I can taste the salt of the sea
There‘s a kite blowing out of control on the breeze
I wonder what‘s gonna happen to you
You wonder what has happened to me…

Alguna vez, cuando tenia 12 años, me caí del techo de la casa de mis padres y me partí mi brazo izquierdo.

Pero eso no es lo que quiero contar, porque ese fue un momento doloroso y allí arriba también fui feliz muchas veces, allí pase incontables tardes de ociosas vacaciones mirando el hermoso cielo azul de una ciudad que empezaba a crecer, allí los domingos cuando todo estaba en silencio y Junior jugaba en el Romelio Martinez lleno alcanzaba a oír el rugido de gol.

Había días de refrescante brisa que olía a árbol de almendras en los que mi hermano y yo nos subíamos a volar cometas que comprabamos en la tienda del cachaco de la esquina, siempre les modificábamos algo y al rato las veíamos compartir felicidad con las pocas aves que volaban alto, con manadas de periquitos que ya no visitan mi cielo, con goleros negros que buscaban comida, con el mismo sol y las nubes. Esa felicidad también era nuestra, la felicidad de dominar un poquito del rebelde viento y sin mas cumplir el sueño de volar a través de un hilo que nos unía con la que para nosotros era la dueña de la eternidad y las alturas.

Pero el tiempo pasó y uno dejó de mirar el cielo con los ojos de niño dispuesto a sorprenderse, a uno le llega la terrible madurez y los sueños, que son eternos, se esconden en el lugar mas perdido del corazón, reprimidos y lloran esperando un regreso que para algunos jamas llega.

Pero a mi me llego.

Mi hijo un sábado por la tarde en la que yo veía Televisión o perdía el tiempo en Internet me alargo una vieja cometa, la había encontrado en casa de un tío y me dijo: ¿, tu sabes volarla?, yo conteste que hacia 20 años que no lo hacia, pero en ese momento todo volvió a mi, la ilusión de ser niño y ser feliz con las cosas simples del mundo, la ilusión de ser el amo del viento.

La limpie, le agregue algo mas de cola y nos fuimos para un parque, mis sueños no me dejaron olvidar, porque se los dije: Los sueños son eternos.

Allí volamos una cometa y es curioso, fui mas feliz cuando mi hijo la volaba el solo, cuando miraba el cielo con los ojos fijos en su ave artificial, no pude evitar saber que somos eternos a través de nuestros hijos, que nuestros sueños no mueren con nosotros ni con el tiempo.

Mis sueños no se guardaban en mi corazón, se guardan en el viento.

*Canción recomendada para hoy: Kite – U2

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