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Verde

Take me down to the paradise city where the grass is green and the girls are pretty

 

Era el frío normal de todo mediodía.

Un frío soportable que permitía llevar una chaqueta ligera algunas veces, algo impensable para la noche. Miró el cielo y las eternas nubes grises emitían ese resplandor acostumbrado.

Decían que había un sol atrás que generaba una luz brillante y hermosa, los que se habían ido de ese viejo planeta debían haberlo visto, pero el, un tipo olvidado de un mundo olvidado no lo alcanzaba a imaginar. El nunca se iría, ya ni siquiera lo deseaba como cuando era joven.

Muchos incluso adoraban ese sol, decían que era la manifestación de Dios mismo, creador de vida y por eso este mundo estaba muerto, porque había vuelto la espalda a la luz eterna, al calor omnipotente, ocultándolo tras las nubes de nuestro pecado.

O eso decían.

Entró al restaurante.

Viejos ventiladores de techo giraban lentamente y unas cansinas luces de neon intentaban ganarle la lucha a una oscuridad que reptaba y no se dejaba vencer tan fácil. El lugar estaba casi vacío y un tipo tras la barra lo miro un segundo y se ocupó en lo suyo, mirar lejos.

En un rincón una de las luces parpadeaba y vio al hombre del maletín.

“Tiene cara de comadreja”, pensó. Y era apropiada la descripción, especialmente porque podía ver bien su cara, el tipo no estaba usando respirador ni gafas. Empuñó con fuerza el maletín y se acercó.

- No es necesario que uses el respirador, el ambiente es controlado – dijo comadreja
- No estaría muy seguro que un sitio como este tenga un buen control de ambiente – le contestó
- Como quieras – contestó comadreja, con una sonrisa… de comadreja – ¿es la paga? – agregó mirando el maletín
- Si – contestó el y se lo pasó

Comadreja lo abrió y le pareció a el que una luz dorada iluminaba su cara.

Le pasó el maletín.

- Patrón tiene la clave, así lo pidió – dijo comadreja
- Supongo que sabes que pasa si no… – empezó a decir
- Lo se – dijo comadreja – supongo que sabes que pasará si no lo llevas.

Tomó el maletín y salió del restaurante, caminó por la calle mugrienta atestada de gente, cuando llegó a la vía principal el ruido de los aero-autos inundó el ambiente y volteó a mirar atrás. Un tipo como el sabía cuando lo seguían, buscó el arma automática y cuando empezó a desenfundar un proyectil rozó su oreja, se tiró al piso y desde allí respondió en modo ráfaga, dos inocentes cayeron pero ya sus perseguidores se cubrían, corrió a donde estaba su aero-auto, pero allí habían dos mas, disparó. “Uno menos”, pensó.

Pero esa victoria momentánea no fue suficiente, dos disparos le atravesaron por la espalda y mientras caía el atronador sonido de un aero-auto que bajaba al nivel prohibido del piso lo terminó de aturdir, una escotilla se abrió y Aceitoso salió con una “Segadora”, disparó una ráfaga que simplemente acabó con toda persona frente a el, una puerta se abrió y Negro lo subió de un jalón.

Agonizaba, pero sus compañeros no le dijeron una palabra, el no se atrevió a entregarles el maletín, ellos tampoco se lo pidieron, mientras viviera era su responsabilidad.

La plataforma de aquel edificio se abrió y cojeando, escupiendo sangre por la boca y dejando la vida en cada respiro bajó del vehículo, se quitó el respirador y las gafas, sintió un sabor ácido en su lengua y en sus ojos un ardor, pero ya no importaba, entró y unas mujeres con mallas plateadas lo miraron pasar indiferentes, Negro y Aceitoso lo seguían atrás, pero no se atrevieron a ayudarlo, abrió una puerta y en un sillón estaba Patrón, vestido de rojo, con sus anillos en cada dedo, con el sombrero de lujo y tras sus gafas oscuras sus ojos brillaron.

El, en su ultimo respiro estiró su brazo y entregó el maletín.

Mientras moría Patrón le acarició la cabeza como quien acaricia a su mascota fiel y solo dijo: Gracias, Perro.

 

*******

 

Perro estaba muerto a sus pies, Patrón miró el maletín y presionó los botones de la clave, el maletín se abrió y un fulgor verde se iluminó en sus gafas.

Entonces acarició aquella belleza extraña, verde y orgánica, y el sentir de la grama en sus dedos erizó su piel.

 

*Canción recomendada para hoy: Paradise City – Guns and Roses

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Recuérdelo todo.

Ella entró sonriente a aquella feria científica del futuro.

O eso era el nombre que aparecía en la reja oxidada de la entrada, en letras rojas un poco desteñidas, como si la ciencia fuera algo antiguo, una curiosidad en un mundo de mitos y religiones de garaje, de fantasía y creencias absurdas de Dioses paganos que reclamaban ser únicos y perfectos. Pero lleno de una tecnología vieja, que en algún momento se había estancado por temor a alguna vieja fobia de la humanidad o algún apocalipsis borrado de nuestras memorias y remplazado por algún castigo divino, lleno de una contaminación física y espiritual de la que nunca se podría salir.

Vi el cielo gris, ese que alguna vez mostraba el reflejo de un sol que no alcanzaba a traspasar esas nubes de muerte, alcancé a ver al fondo las inmensas chimeneas que las provocaban. Eran de alguna titánica factoría de algo.

Yo solo creo que producían nubes, ajusté mi mascarilla del respirador y mis gafas anti contaminación y entramos.

Caminamos agarrados de la mano entre muy poca gente que curioseaba con maquinas que hacían ruidos y deslumbraban con colores azules eléctricos, rojos incandescentes o plata brillante, donde supuestamente te teletransportaban, donde supuestamente te podían encoger o agrandar, donde supuestamente hasta podías viajar a otro universo.

Charlatanes, pensé.

Pero ella se divertía entre tantas tonterías y cuando vio aquel aviso se quedó en silencio unos segundos y luego dijo: “Quiero probar ahí”, apuntando su dedo a un gran salón coronado con un gran aviso en el que se leía: Recuérdelo todo.

No entendí en ese momento la importancia de recordarlo todo, así que acomodé mi sombrero, ajuste mi corbata y caminé, era un salón de baldosas blancas, en el fondo un árbol muerto me acordó del par de veces que había visto uno vivo, en aquel museo que se encontraba en la capital, que mostraba el mundo como fue hace siglos, antes que algo pasara, antes de que la ciencia lo arruinara, antes que la misma no lo pudiera salvar por haber abandonado todo eso en nombre de una falsa espiritualidad que nos dejo quietos para siempre, atrapados y paralizados en un momento de nuestra historia.

Un tipo sonriente con una bata nos dio la bienvenida, se hizo llamar “El Doctor” y pronto nos explico en qué consistía la maquina.

A través de unos magnetos podía hacer que recordáramos todo, desde nuestro nacimiento, hasta este punto de nuestras vidas, recordaríamos todos los detalles, todas las situaciones, todas las personas, recordaríamos cualquier insignificancia y nos dijo: Algunos incluso pueden recordar lo vivido por sus padres, otros afortunados lo de sus abuelos, muy pocos pueden recordar la vida de sus ancestros más antiguos.

Ella sonrió y me miro, sus ojos brillaron y me dijo: quiero entrar.

El Doctor dijo: solo uno a la vez.

Pagué dos boletos y ella entró primero. En medio del salón unas escaleras bajaban a un lugar que solo puedo imaginar, mientras ella descendía me miró y ese brillo de sus ojos aun me conmueve, porque fue la última vez que lo vi.

El Doctor se puso un casco raro, unas gafas oscuras y entró tras ella, cerró una puerta tras él y al rato oí un extraño zumbido, me pareció ver una intensa luz que se asomaba por aquellas escaleras, pero nada más supe hasta tres minutos después cuando entre vapores fríos salió el Doctor, se le notaba un poco apresurado y me dijo: todo ha salido bien, demasiado bien diría yo.

Entonces salió ella, respiraba pausado y con una expresión profunda de tristeza me miró con ojos apagados, como si fueran de otra persona y solo atinó a decirme: vámonos ya.

Con mi boleto aun en la mano le pregunté que había visto, pero ella en su silencio solo me dijo que quería llegar a casa, tomamos un aerotaxi que nos dejó en su piso y mientras la rampa automática llegaba hasta la puerta le volví a preguntar

- Dime por favor que pasó, no me puedes dejar así
- Lo recuerdo todo – dijo con una voz llena de toda la tristeza – recuerdo como fue y nunca volverá a ser, recuerdo no solo mis errores, si no los de todos los que vinieron antes, recuerdo el terrible colapso, recuerdo cuando nací en este mundo gris, recuerdo mis primeras lagrimas, recuerdo mi primer amor, recuerdo la primera vez que me partieron el corazón, pero recuerdo aun mas allá, recuerdo cuando empezó nuestra desgracia y como la olvidamos.

Se bajó y me quedé un rato en silencio, le pedí al chofer que me llevara a casa.

Horas después me llamaban a decirme que ella estaba muerta.

Había salido de la casa sin su respirador y caminó hasta la zona industrial, en cuestión de minutos murió envenenada.

Estuve en su cremación y lloré. Volví a la feria científica días después pero ya no estaba, en el viejo salón donde habíamos entrado estaba aun el hueco en el piso, pero no había nada de lo que nunca había visto.

Me quedé mirando el boleto que nunca había usado, recordé su sonrisa, recordé el brillo perdido de sus ojos, recordé pero me di cuenta cuando pasó algún tiempo que la empezaba a olvidar.

Y comprendí.

Comprendí la libertad que nos da el olvido.

*Canción recomendada para hoy: You don’t remember, I’ll never forget – Dokken

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Yo puedo arreglar eso.

A un pueblo perdido de Dios llegó la profesora, su vestido azul y su cabello rojizo rechinaban contra el sol ardiente de aquel sitio, sucursal del infierno, que no aparecía en ningún mapa, del que nadie recuerda el nombre.

Pronto empezó a enseñar a los niños del pueblo, hijos de los pocos ricos que habían en aquel lugar, hijos de los pobres, la inmensa mayoría que iba al colegio sin zapatos y a veces sin desayuno.

Con la profesora aprendieron a leer, a escribir y a veces a soñar, porque en ese pueblo los sueños no llegaban y la gente que creía que incluso el amor alguna vez había pasado de largo, huyendole al calor y la sequía que normalmente asolaba el sitio.

Pero la escuela era una vergüenza.

Una vieja casucha que se hubiera desbaratado si en el sitio cualquier suave brisa hiciera su aparición, por lo cual la profesora vivía preocupada.

Sin embargo, todos los días Camilo, un negro de 2 metros, descalzo y descamisado pasaba vendiendo verduras que traía arrastrado de otro pueblo con mejor suerte, llegaba y gritaba por la calle.

Un día vio a la profesora llorando en la puerta y sin saber como consolarla le regalo una cebolla, ella sonrió y cuando le preguntó porque lloraba ella le contó que la puerta del colegio se estaba cayendo.

“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.

Y efectivamente lo hizo, pero ademas la profesora se quedo viendolo mientras trabajaba, conversando y dicen los que la vieron que por primera vez en ese pueblo infernal, la mas hermosa de la sonrisas iluminó el sitio.

Al día siguiente, Camilo volvió a verla triste en la puerta del colegio, le preguntó de nuevo que le pasaba y le dijo que el techo se estaba cayendo.

“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.

Y efectivamente lo hizo, con la compañía de la profesora, que como nunca era feliz hablando con su negro Camilo.

Al día siguiente fueron las ventanas y camilo dijo nuevamente: Yo puedo arreglar eso.

Pasaron los días y de repente el colegio terminó siendo la mas bonita de las edificaciones del pueblo, pero desgraciadamente se acabaron los arreglos a hacer.

Camilo llegó al día siguiente con su carrito de verduras y vio a la profesora llorando a cantaros y se acercó nuevamente, como todos los días.

- ¿Que la pasa profe?, ¿Que puede ser tan difícil de arreglar? – preguntó
- Lo que pasa es que el colegio esta perfecto, ya no vas a quedarte mas a hablar conmigo, solo te veré pasar, lo que hay que arreglar es mi corazón roto – contestó ella

El se la quedó mirando unos segundos, sonrió y dijo: Yo puedo arreglar eso.

Se acerco y le dio el mejor beso que se haya dado en la historia de aquel lugar desencantado.

Y solo por esa vez, el amor entró al pueblo.

*Canción recomendada para hoy: When love comes to town – U2

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El man que sabía oler

(Este relato en virtud de intentar mantener su fidelidad a la realidad utiliza lenguaje grosero y por su temática no es apto para menores de edad, sin embargo todos sabemos que este blog no se caracteriza por intentar ser políticamente correcto y si usted llegó hasta acá, ya sabe que es bajo su propia responsabilidad)

Me encantan las mujeres que huelen bien.

Decía una amiga muy especial que el mejor ejemplo de que yo era un perro era por mi capacidad de oler y recordar por ello. Y es cierto, yo recuerdo el olor de todas las mujeres con las que he estado, de hecho todas las mujeres huelen diferente así usen el mismo perfume y lo primero que hago al acercarme a una mujer que me gusta es oler. Si no huele bien puede ser hermosa, la mejor persona, cualquier cosa, pero para mi no funciona.

Sin embargo esto es simplemente un don menor al lado de un amigo con el que poco hablo hoy en día, pero en un pasado que se empieza a hacer lejano fuimos compañeros de parranda. No hubo fin de semana donde no saliéramos a ligar y emborracharnos. El don de mi amigo era mucho mas especial que el mio, el podía oler de verdad una mujer, el podía saber a que olía la entrepierna de una mujer solo con acercarse.

Es decir, el man sabía a que les olía la chucha.

Cuando me contó la primera vez yo pensé que era mamadera de gallo, pero con el tiempo me di cuenta que nunca fallaba. “Viejo Jaime, a esa vieja le huele a requesón” me dijo una vez y yo de porfiado corrí el riesgo y preciso, en el momento en que esa mujer abrió las piernas parece que se hubiera destapado el mejor queso francés y probablemente otros tipos eso no les importé, pero para mi, un obsesivo de los olores, la cosa fue mortal.

Entonces el man terminó convertido en mi catador de olores para poder decidir si llevar una mujer a la cama, pero lo cierto es que la mayoría de las mujeres son muy limpias y si bien la vagina no huele a rosas, el olor de una mujer excitada es algo especial. Sin embargo habían casos de casos: “Se acaba de hacer una ducha vaginal, hágale”, “Esa vieja acaba de tirar, si te quieres encontrar con la porquería de otro man, pues ahí todavía está”, “Huele hasta a rico, si no le hace usted, le hago yo”, “Gonorrea, marica, huele a algo tan ácido que debe ser gonorrea”, fueron algunos ejemplos de los consejos de amigo basados en su don.

Pero su mayor contribución la hizo una noche, en la que borrachos en algún bar de mala muerte que pululaban en aquel entonces en la Calle 79 pero que luego fueron cerrados por ser antros de perdición un poco inferiores a un prostíbulo yo me levanté un monumento de mujer a eso de las 3:00 AM, bailé con ella por una hora y aunque era de pocas palabras se notaba que quería cama, sin embargo fiel a mi costumbre ya adquirida le pedí a mi amigo que se acercará.

Mi sorpresa fue grande cuando me miró asustado, parece que se le hubiera aparecido un fantasma y salió del sitio, extrañado me quedé adentro pero cuando mi levante fue al baño salí a ver que pasaba, el tipo fumaba un cigarrillo y cuando me vio me arrastró a su carro, me hizo subir mientras yo protestaba, pero me subí porque nunca lo había notado así.

- Aja llave, ya me tienes asustado, ¿que es lo que pasa? – le pregunté algo molesto
- Compadre, ¿usted no ha notado nada raro en esa vieja? – le contesté yo
- No man, un poco callada y la verdad es que en ese ruido allá adentro tampoco es que se habla mucho, ¿pero que pasó?, ¿ cuéntame, a que le huele la chucha a la vieja? – dije yo
- Ese es el problema mi llave, a esa vieja no le huele la chucha a chucha, le huele a verga.

Durante unos 5 segundos mi cerebro embotado de alcohol procesó lo que me quería decir mi amigo.

- Prende el carro loco y acelera a toda mierda.

Fue lo único que alcancé a decir.

*Canción recomendada para hoy: Dude looks like a lady – Aerosmith

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Lirio (2)

Si no se acuerdan, viene de acá.

 

En la oscuridad nada cambia.

No había olores, no había paredes que tocar, solo había un piso frío y cruel, liso, sin ninguna diferencia, sin nada que golpear.

Carmenza rogaba por un ruido y solo el suspiro de alguien la animaba a seguir adelante. Pero era consciente de donde estaba, era consciente de quien eran los suspiros y recordaba aquellas palabras frías y cortantes que la habían condenado a aquella eternidad aterradora.

Y trataba de no pensar, porque el dueño de las palabras, el rey de la eternidad adivinaba pensamientos y solo podía pensar en Lirio, cada vez que cerraba los ojos, cada vez que los abría, cada vez que respiraba el frío y ligero aire de aquel sitio.

Por eso temía, porque Lirio vendría y el la estaría esperando.

Lirio dio el paso que la llevaba lo mas lejos de donde jamas había estado y a lo lejos de aquel atardecer vio las antorchas que se empezaban a encender del pueblo mas cercano. Apuró el paso y ya con la luna en alto llegó a la posada que estaba llena de borrachos y putas, cuando entró todos la miraron y murmullaban al verla pasar.

- Una bruja puta, eso es algo que no he visto aun – dijo un gordo enano, de barba sucia y enredada

Lirio pensó que contestar y recordó a Carmenza. Volteó a mirarlo con aquella mirada penetrante y murmurando cualquier cosa, de repente el tipo se le atrancó algo de lo que comía en la garganta y cuando se empezaba a poner verde ella le dio un golpe fuerte en la espalda y escupió un hueso. El tipo la miraba aun asustado mientras aspiraba una bocanada de aire, cuando ella le sonrió siniestramente.

- No es bueno hechizar a mis huéspedes – le dijo un viejo encorvado que se acercó poco preocupado

- No lo he hechizado, solo lo he asustado un poco y lo he golpeado como se lo haría a cualquiera – dijo Lirio, con una seguridad que le sorprendió a ella misma

- Ah, brujas, cada vez son menos, pero tu me recuerdas a alguien – contestó el

- Nariz curva, verruga bajo el ojo derecho, cabello gris – dijo ella

- Eh, si, creo, tu eres una joven muy linda, no tienes la pinta, pero si la actitud – dijo el

- Carmenza se llamaba, es mi maestra, a donde fue? – pregunto ella suplicante

El posadero vio entonces la niña que en realidad era Lirio

- Todas las brujas van al mismo sitio, al castillo, todas quieren lo mismo, la tierra muere por la ausencia del rey.

Ella lo miro.

- Necesito dormir, el mundo es mejor al amanecer

*Canción recomendada para hoy: Abracadabra – Steve Miller

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Lotería

(Este relato esta basado en una historia real)

 

Juancho tenia 63 años cuando se suicidó.

Pero contrario al suicida común, Juancho no se suicidó por una situación desesperada, ni por un desengaño amoroso. Juancho se suicidó porque se ganó la lotería solo una vez.

Esperen y les cuento.

Juancho era un tipo trabajador, se había casado cuando joven y había criado 3 hijos varones, los había educado y cada uno había tomado su camino como profesionales exitosos, mientras su mujer y el seguían con el negocio de repuestos para carros en la carrera 38, que les había generado una mediana prosperidad económica desde hacía ya 30 años.

Sin embargo Juancho siempre anheló con ver mas mundo del que había conocido, su dedicación al trabajo nunca le permitió cumplir el sueño de conocer su adorada (pero lejana) Cuba, de la que admiraba desde “El Che” hasta su Baseball, conocía por fotos todas sus bellas playas y soñaba con alguna vez amanecer en Varadero, en silencio deseaba una noche con una mulata cubana, después de bailar salsa en un viejo cuarto con ventanas abiertas y el calor de La Habana, para después de un orgasmo fumar esos puros que de vez en cuando tenía la fortuna de conseguir.

Añoraba ver un amanecer de la isla, con el ron de la tierra, con el sonido del mar.

Y a Juancho se le negaba todo esto, porque las cosas ya no eran como antes, porque a los 55 enviudó, porque se sentía muy viejo para endeudarse y no quería pedirle a sus hijos.

Sin embargo Juancho hacía algo todos los miércoles.

Juancho todos los miércoles compraba la lotería del Atlántico y realmente de tanto hacerlo ya se había convertido mas en una costumbre y no aspiraba a ganársela, era mas bien una excusa para romper la monotonía de una vida simple.

Pero sucedió lo impensable, Juancho se ganó la lotería.

Lógicamente la felicidad fue grande, pero después se empezó a preocupar. El que tenía lo básico no sabía en que gastarse su dinero, pensó en regalarlo a sus hijos, pero estos se negaron y ellos que sabían de su deseo de ir a Cuba le dijeron que lo hiciera.

Juancho cerró su negocio un jueves en la tarde y así permaneció durante un año. El viaje era de un mes, pero pasaron los 30 días y no se supo de el, al siguiente mes sus hijos se empezaron a preocupar, pero 15 días después llegó una postal de Cuba con una foto Polaroid, en ella estaba Juancho con la sonrisa mas sincera de la humanidad, al lado una bella morena de veinte que le daba un beso, en el fondo se veía el inmenso sol cubano en un hermoso atardecer en el mar.

Pasó un año en el que Juancho sin explicaciones no volvió, mandaba pruebas de “supervivencia” decían sus hijos y solo el podía saber que estaba haciendo allá, pero en sus fotos sus ojos brillaban de una manera casi infantil, de esa manera en la que uno no puede evitar contagiarse con la mas sincera felicidad ajena.

Un día Juancho llamó a uno de sus hijos.

Le dijo que necesitaba que le prestara un dinero, desde hacía algunos días no tenía ni un centavo y había llegado el momento de volver. A los pocos días Juancho volvía a Barranquilla, pero cuentan los que lo vieron que no se parecía al de la foto, sus ojos apagados y su sonrisa falsa denotaban una gran tristeza.

Un día se reunió con sus amigos y empezó a tomar cerveza en una tienda, después de varias alguien se atrevió a preguntar por enésima vez la misma pregunta: “Aja Juancho, ¿que fue lo que te la pasaste haciendo en Cuba?”.

Juancho por única vez contestó: Siendo feliz. Y les contó. Les contó de los partidos de Baseball, les contó de las playas, les contó del Ron, les contó de la morena, les contó y mientras contaba sus ojos volvían a brillar, pero cuando terminó se volvió a apagar y les dijo: Yo ya no entiendo la vida, si no es en Cuba ya no quiero vivir.

Entonces los miró con la expresión que tiene un hombre decidido y les dijo: Voy a comprar la lotería, si no me la gano para volver a Cuba, me mato.

Se lo quedaron mirando unos segundos y luego soltaron la carcajada, porque tomaron todo como una chanza de borracho, pero Juancho, el de la chanza, no se rió.

Al siguiente miércoles nadie se acordaba del cuento de Juancho, cuando compró la lotería nadie prestó atención, sin embargo el viernes El Heraldo, en su sección de judiciales, tituló: Se suicida comerciante de repuestos.

Juancho había comprado el periódico el jueves y con calma había buscado el resultado, cuando descubrió que no tenía tanta suerte, se enfrentó a la vida que le quedaba, vacía y sola y con nostalgia derramó dos lagrimas pero sonrió.

Y es que si alguien le hubiera tomado una foto mientras ponía en su sien el viejo pero cuidado revolver 38 que rara vez habia disparado, habría visto que aquel brillo en sus ojos había vuelto.

 

*Canción recomendada para hoy: Suicide – Motorhead

 

 

 

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Alma de 140 caracteres

Despertó una mañana, con todas sus inseguridades a cuestas, con la urgente necesidad de descargar todos sus sueños en alguien en el que pudiera confiar, con la apremiante inminencia, que su vida no le da, de tener a alguien que lo quisiera escuchar.

Entonces suspiró y escribió en Twitter: Buenos días, anoche tuve un sueño extraño.

Y empezó a descargar su alma en 140 caracteres.

 

*Canción recomendada para hoy: Virtual Insanity – Jamiroquai

 

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Lirio (1)

Era una casa pequeña.

Aunque para ser sincero, parecía pequeña. En realidad cuando entrabas parecía mucho mas amplia e iluminada.

Por fuera se veía oscura y lúgubre, supongo que esa era la intención de su dueña, pues los pocos “afortunados” que se atrevían a cruzar ese portal que siempre había chirriado desde nuevo (aunque nadie estaba seguro de aquella casa alguna vez hubiera sido nueva) no imaginaban que Carmenza tuviera la delicadeza de mantener su interior bien iluminado, caliente y ordenado.

Pero había una imagen que mantener y en la profesión de Carmenza esto era bien importante, sin ella tal vez el respeto se perdería y para una bruja, el respeto lo era todo.

Porque Carmenza estaba convencida que la brujería era un arte, como no, pero su máxima grandeza estaba en usarla cuando era necesaria.

Había traído niños y terneros al mundo durante décadas sin necesidad de usar un simple hechizo, había salvado cosechas, curado enfermedades y hasta lanzado maldiciones sin necesidad de media palabra arcana, solo con miradas fingidas y practicadas frente al espejo.

Solo en situaciones extremas había usado el arte y por eso Lirio no entendía porque estaba lavando platos sin usarlo.

La muchacha rubia y con ojos de esmeralda era muy linda, pero debajo de su piel curtida por el sol, ese cabello sin peinar y la ropa totalmente remendada era muy difícil darse cuenta.

- Fortalece el espíritu - Dijo Carmenza, como leyendo la mente de Lirio y ella reprimía las mas sencillas maldiciones que había aprendido, junto con aquellos hechizos que podían  hacer los quehaceres domésticos mientras ella tendría la oportunidad de perder el tiempo en cualquier otra cosa.

- Ademas, espero que todo este limpio para cuando vuelva

Lirio, la aprendiz de bruja, se quedó quieta, olvidó lo mucho que le molestaba el lavar los platos y se quedó mirando a Carmenza que aspiraba a bocanadas un inmenso cigarrillo que olía a cacao.

Lirio no recordaba mas madre que a Carmenza, lógicamente no era su hija (las brujas muy rara vez tenían descendencia) y había aceptado como cierto el hecho de que un lobo la había dejado en la puerta de la casa y desde allí la había adoptado, pues a punta de golpes ya sabía que no debía cuestionar las verdades de su maestra.

- ¿Vas a ir también? – dijo Lirio con un nudo en la garganta

- No seré la única que no vaya – dijo Carmenza con la mirada perdida en sus pensamientos

- Ninguna que ha ido ha vuelto – contestó Lirio

- Pues tal vez yo si, tal vez yo no, pero la tierra se muere, la tierra esta atada al rey y este se muere, si no hay heredero la tierra sufrirá y no hablo de las guerras que seguramente llegarán, hay algo que tienes que entender – Carmenza hizo una pausa y la miro fijamente – La tierra es el rey y el rey es la tierra.

Lirio vio pasar una semana y una noche Carmenza le dijo que temprano al dia siguiente se iba.

- Pero todas las tardes sabrás si estoy bien, justo antes del anochecer donde quiera que estés un pájaro negro vendrá a visitarte, trinara solo una vez, si no lo oyes querrá decir que estoy en gran peligro, pero si no viene querrá decir que nada puedes hacer ya por mi, de cualquier manera no vayas a buscarme, esta tierra perdida en la montaña necesita de ti, sabes lo que debes saber y lo demás lo aprenderás sola.

Lirio no lloró, ya había olvidado que era eso, tragó su dolor y Carmenza lo supo, pero no la reprimió.

A la mañana siguiente Carmenza se fue cargada con poca ropa y su cayado negro, hacía un par de meses habían hecho el de Lirio que era gris y se despidió sin palabras cariñosas, solo indicaciones sobre el cuidado de la casa y de la gente del pueblo, pero cuando se iba con el sol a sus espaldas Carmenza la miró y para Lirio eso bastó, era la mirada de su madre, que la amaba, la quería y le dolía dejarla, ni un “te amo” hubiera remplazado aquel momento.

Ese día fue muy ocupado para Lirio, tuvo que ayudar a una vaca a parir y actuar como juez en una disputa entre familias por un cerdo, para ellos aquella muchacha no tenía la autoridad para decidir, pero Lirio era una buena aprendiz, escupió el suelo y los fulminó con una mirada, después de quedarse callados esperando alguna maldición aceptaron su palabra.

Ese atardecer esperó en la puerta y el pájaro apareció, parecía un cuervo común y corriente, ademas graznó de manera vulgar que Lirio pensó que era una broma. Pero no, no podía ser de otra forma con Carmenza.

Pasaron 3 semanas y Lirio empezó a acostumbrarse a estar sola y esperar la llegada del pájaro al anochecer, pero sucedió que un día el pájaro llegó y la miró con una mirada cargada de nostalgia.

Era la mirada de aquel día cuando Carmenza partió, intentó trinar pero no pudo, ningún sonido salió y de repente se echó a volar.

Lirio intentó llorar aquella noche, no pudo.

Tampoco pudo dormir.

*Canción recomendada para hoy: The Cry of the Gypsy – Dokken

(Volvemos a la cotidianidad de nuestro blog con un cuento por entregas que hace ya un tiempo estoy pensando, haré por lo menos un capitulo semanal)

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La Culebra de Ricardo

Todo el mundo le debe dinero a alguien.

Al banco, a un prestamista, a un amigo, a la mamá. Piénselo y tal vez encontrará a alguien a quien le debe dinero, alguien a quien de manera coloquial llamamos “Culebra” y de las algunos solemos escondernos.

Pero mi amigo Ricardo si que tenía una culebra, pero no le debía dinero.

Ricardo tiene un negocio donde distribuye metales, aceros especiales y demás cosas por el estilo, por lo cual tiene un gran almacén con una bodega en la que almacenan sus productos. Por el sector en que se encuentran es fácil que sean victima de plagas animales como las ratas y resultó que en algún momento la cosa empezó a desbordarse y a pesar de llevar un perro, un gato y veneno (con los que envenenó al gato, al perro y un par de ratas) no encontraba solución al problema.

Un día uno de sus empleados le trajo una solución desesperada.

La solución era una culebra, pero de verdad, una serpiente, una boa que en aquel tiempo no alcanzaba el metro de largo era la forma mas efectiva de erradicar las ratas del sitio… y en realidad lo fue, al mes ningún animal vivía en el sitio aparte de su majestad la culebra y se dedicaron a ver como empezaba a crecer el animal.

Pero la solución empezó a crecer mucho y cuando ya medía metro y medio la dejaron de ver, los celadores de la noche eran los únicos que decían que en la noche una misteriosa sombra bastante grande se movía en la oscuridad, pero en el día nadie sabía de ella y era imposible localizarla.

Uno de los productos estrella de mi amigo Ricardo son las barras perforadas y para ahorrar explicaciones diremos que son unos tubos de gran espesor de amplias aplicaciones industriales, ellas vienen en medidas de 6 metros y una vez un cliente fue a comprar una. Cuando sus empleados fueron a bajar la barra perforada en cuestión se dieron cuenta de que esta pesaba mucho mas de lo normal.

Intrigados por el asunto llamaron a Ricardo quien intentó mirar por el hueco de la barra, pero misteriosamente no se veía nada, buscaron una linterna y cuando alumbraron aterrados descubrieron la cabeza en una punta de ella.

Pusieron la barra al sol para hacer salir la serpiente y un saco en cada punta, al rato ella salió sola y con asombro descubrieron que el animal media casi 5 metros y si uno intentaba acercarsele se ponía bastante agresiva.

Llamaron a las autoridades ambientales (que nunca fueron), llamaron al Zoológico, que fueron pero nunca se la llevaron, así que prácticamente se resignaron a no tener ratas, pero si un depredador que incluso se podía comer a algún desprevenido.

Pero Ricardo olvidaba un detalle. El mayor depredador es el hombre.

La voz se había corrido que en el negocio de Ricardo había una inmensa culebra y que ademas llevaban meses tratando de deshacerse de ella, así que un día llegó un soldador de los muchos que trabajan por el lugar y le ofreció a Ricardo un trato. El mataba la culebra, pero se llevaba el cadáver.

Ricardo aceptó deseoso de deshacerse del animal y al día siguiente, el valiente soldador, armado de un machete se enfrentó al animal y con un certero golpe en la cabeza casi traicionero lo mató y en un camión se lo llevó un viernes por la tarde.

El sábado al mediodía Ricardo se disponía a cerrar su negocio cuando apareció un muchachito con un plato lleno de una carne clara y un pedazo de yuca, se lo enviaba el soldador como agradecimiento, desprevenidamente probó pensando que era pollo y encontró el sabor un poco raro. Entonces le preguntó al niño que la carne de que era.

- Ay patrón, esa es la carne de la culebra – respondió el niño con una amplia sonrisa.

Cuentan que ese día Remberto Martinez, soldador de profesión, hizo un asado que siempre se recordará en las inmediaciones de la parte trasera del viejo edificio de la aduana y que con una piel de culebra que vendió, invitó varias rondas de cerveza y hasta plata le sobró.

*Canción recomendada para hoy: The Union of the Snake – Duran Duran

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Sin alma

El Diablo me andaba buscando.

Me dejó un mensaje en la contestadora, me mandó un correo electrónico, me envió un mensaje de texto.
Fue incluso a buscarme al trabajo, pero ese día estaba ocupado y no lo quise atender, me dejó un recado con alguna amante, hasta me mandó una orden judicial.
Pero fue en la heladería del parque donde me encontró, yo me tomaba una malteada de arequipe y el pidió una de fresa, me dijo que no tenía con que pagar y me planteó la situación.
Quería un rembolso de todo el dinero que había malgastado pero nunca acabado, quería que le devolviera el placer del sexo puerco y lujurioso, de las noches sin amanecer, de la sangre derramada y de los pecados cometidos con plena conciencia e intención, quería que le diera mi caótica vida de vuelta, aquella que había obtenido a cambio de mi alma.
"No quiero tu alma, te perdonaran todos los pecados y entraras a la gloria de Dios", me dijo con su tono zalamero y mentiroso, me miró con esos ojos llenos de furia y rechinó sus dientes con la rabia que solo el señor del mal puede contener.
Lo miré y le sonreí, le recordé que había un contrato y que ya nada me podía devolver, porque en realidad nunca hubo nada que entregar, que mis pecados se pudrirían en el vacío sempiterno de mi interior donde solo había silencio y oscuridad, porque jamas tuve alma que vender.
Porque nunca tuve alma que corromper ni salvación ni condena para mi.
Entonces disimuladamente el Diablo se pellizcó, como aquel que de una pesadilla quiere despertar.
*Canción recomendada para hoy: Devil Inside – INXS
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